Raíces vivas del folclore bajacaliforniano
- Diana Laura Hernandez Rivera
- 3 abr
- 6 Min. de lectura
El folclore en Baja California resiste desde sus raíces rurales hasta escenarios actuales, impulsado por jóvenes, instituciones y comunidades que luchan por preservar su identidad cultural.
Jesús Amaya (amaya.jesus@uabc.edu.mx)
Laura Hernández (diana.hernandez27@uabc.edu.mx)
Brisa Montenegro (b2220334@uabc.edu.mx)
Esmeralda Puente (esmeralda.puente@uabc.edu.mx)
Lezly Tejada (lezly.tejada@uabc.edu.mx)

De acuerdo con el Repositorio de investigación y educación artísticas del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, en Baja California, el folclore no nace bajo los mismos procesos históricos que en el centro o sur del país. Debido a ser una entidad fronteriza, las manifestaciones culturales emergieron de procesos marcados por la migración, la ganadería y la interacción constante con Estados Unidos.
A diferencia de otras regiones del país, donde las danzas tradicionales se remontan a épocas prehispánicas o coloniales bien documentadas.
Bajo esta situación nace el baile calabaceado, como una expresión artística ligada a la cultura vaquera del estado. Según la Secretaría de Cultura, su nacimiento se encuentra relacionado con espacios como el poblado de La Misión, donde la actividad ganadera y las celebraciones comunitarias han sido clave para su consolidación.
El calabaceado se baila al ritmo de música norteña y es inspirada por elementos del trabajo de campo, especialmente del manejo del ganado y las dinámicas del jaripeo. Más que ser una danza tradicional, es una manifestación festiva que refleja la vida cotidiana de las comunidades rurales del norte.
Alexandra Hernández, historiadora, doctora en Estudios Culturales y docente en la UABC, explica que "podemos ubicar folclor desde que la península está habilitada, con los grupos yumanos". Esto coloca al folclore como una práctica viva desde los primeros pobladores.
Históricamente Baja California ha sido un punto de encuentro de distintos grupos; pueblos indígenas, colonizadores españoles, comunidades mestizas e influencias Estadounidenses. Cada uno de estos actores aportó tradiciones y elementos culturales. A palabras de Alexandra Hernández, lo que comenzó como práctica comunitaria terminó convirtiéndose en símbolo identitario para los bajacalifornianos.
Con el paso del tiempo, estas tradiciones se transformaron mediante el contacto cultural. La llegada de migrantes durante el siglo XX reforzó esta mezcla. "Vienen varias personas (...) que ellos y ellas traen sus propios conocimientos", señala Hernández. Este intercambio permitió consolidar nuevas formas de expresión regional.
Alexandra comenta que, "surge como una forma de danza (...) intentando imitar al ganado", explica la historiadora. Lo que comenzó como práctica comunitaria terminó convirtiéndose en símbolo identitario para los bajacalifornianos.
"Sí hay folclor típico de Baja California, y este lo podemos encontrar pues sobre todo en lo que son los ranchos", afirma la docente.
La permanencia del folclore en Baja California no es casual. Detrás existe un trabajo constante por parte de instituciones culturales, gestores y comunidades que buscan evitar su desaparición.
Tal es la ya mencionada Secretaría de Cultura de Baja California, que con la creación del Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) y más reformas legales, garantiza que la ciudadanía contase con una estructura actualizada para ejercer sus derechos culturales.
Desde el ámbito institucional, el papel de los espacios culturales ha sido clave. Oswaldo Cuadra Gutiérrez, coordinador del programa Pueblos Originarios y Patrimonio del Centro Cultural Tijuana (CECUT), señala que "trabajamos básicamente en la difusión y en dar a conocer las tradiciones indígenas". Estas acciones permiten que el folclore se mantenga visible.
Además de la difusión, la apertura de espacio es fundamental. "Seguir promoviéndolo (...) abrir más espacios", menciona Cuadra. Esto facilita que los grupos presenten su trabajo y continúen activos dentro de la escena cultural.
Sin embargo, la preservación también implica responsabilidad. No todas las expresiones pueden representarse libremente. "No todo se debe convertir en folclor", advierte el coordinador. Este enfoque busca proteger el significado original de las tradiciones.
Desde la gestión cultural independiente, el trabajo sigue la misma línea. Alejandro Martínez López, organizador y coordinador general de eventos culturales enfocados en danza folclórica, explica que su labor es "generar espacios donde los grupos pueden presentarse, sin estos espacios, muchas prácticas se perderían".
Juventud mantiene viva la identidad
Las escuelas y academias de danza representan uno de los pilares más importantes en la preservación del folclore. En estos espacios no solo se enseñan pasos, sino también historia e identidad.
De acuerdo con la Revista de Ciencias Sociales y Políticas “RAÍCES”, menciona que, en la segunda mitad del siglo XX, los gobiernos federal y estatal impulsaron estrategias educativas para reforzar la identidad mexicana en Baja California.
Consecuencia a esto, el primero de noviembre de 2022, el gobierno estatal declaró al calabaceado como patrimonio cultural oficial. Según el artículo de la revista Raíces, la unión del rodeo y el baile construye la pertenencia. "La práctica en las escuelas ayuda a cohesionar la identidad de los habitantes".
Desde la enseñanza formal, José Luis Ramírez Castro, ex profesor de la Academia de Danza Nueva Esperanza de Rosarito, afirma que "no solo transmitimos pasos, sino historia, identidad y orgullo". Esto convierte la danza en una herramienta de formación cultural.
El interés de los jóvenes sigue presente, aunque requiere motivación adecuada, el maestro explica que cuando tienen un acercamiento real, su percepción cambia. La enseñanza con pasión resulta clave para mantener viva la tradición.
Para quienes lo viven desde dentro, el aprendizaje implica compromiso. Mariana Vázquez, bailarina de un grupo independiente en Baja California, señala que no solo es aprender pasos, sino realmente entender lo que se está bailando. La experiencia va más allá de lo técnico.
A través de festivales y encuentros, el folclore se mantiene activo. El ya mencionado Coordinador de eventos independientes Alejandro Martínez López, afirma que estos espacios permiten que la cultura se mantenga viva y en constante movimiento, siendo puntos clave de difusión.
En Baja California, diversos grupos culturales generan comunidad y reflejan la diversidad del estado. En el CECUT participan agrupaciones de danzas prehispánicas y folclóricas, cuya presencia en eventos permite visibilizar tradiciones y fortalecer la identidad cultural.
"Las compañías se presentan en el teatro de aquí del CECUT en la sala de espectáculos, siempre hay una oferta ya sea a público general en la explanada o se presentan en el teatro", declaró Cuadra.
Dentro del estado, estos eventos reflejan la diversidad cultural. Se presentan estilos de distintas regiones, pero el calabaceado destaca por su identidad local. Esto refuerza su valor dentro del panorama cultural.
Para los bailarines, estos espacios también representan reconocimiento. Mariana Vázquez comparte que “no solo fue por tener el premio… valida todo el trabajo que hay detrás”. Cada presentación implica esfuerzo colectivo.
Además, los eventos permiten atraer nuevas audiencias. “muchas veces asisten jóvenes… se interesan más”, señala Martínez. Así, el folclore logra renovarse constantemente.
Según Mariana, dentro del folclore estos reconocimientos impulsan a los participantes, motivándolos a mejorar y reforzando su compromiso, disciplina y pasión por la danza.
A nivel cultural, también se busca el reconocimiento institucional. El calabaceado ha sido impulsado como símbolo regional, consolidando su importancia dentro de Baja California.
En el estado, la Secretaría de Cultura convoca a la comunidad artística a desarrollar proyectos con apoyos económicos que fortalezcan la creación cultural. Ofreciendo hasta 31 apoyos económicos para desarrollarlos en un periodo de ocho meses.
Sin embargo, el reconocimiento más importante sigue siendo el del público. Oswaldo Cuadra señala que “sin el público… es necesario para su subsistencia”. La participación social es clave para su continuidad
El folclore bajacaliforniano no es únicamente una expresión artística; es un reflejo vivo de la historia, la identidad y la diversidad que caracteriza a la región. En cada zapateado, en cada presentación y en cada espacio cultural, se reafirma una herencia que no permanece estática, sino que evoluciona con quienes la practican.
A pesar de los retos que implica su preservación en un contexto fronterizo y cambiante, el trabajo conjunto entre instituciones, gestores culturales y comunidades ha permitido que estas tradiciones no solo sobrevivan, sino que sigan encontrando nuevas formas de manifestarse. La participación de las juventudes, lejos de ser un factor incierto, se ha convertido en una de las principales esperanzas para su continuidad.
De acuerdo con la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial depende en gran medida de la transmisión generacional y del acceso a espacios de difusión cultural, elementos que en Baja California continúan fortaleciéndose a través de programas públicos y actividades comunitarias.
Asimismo, organismos como el CECUT han consolidado su papel como puntos de encuentro donde convergen tradiciones, públicos y nuevas propuestas artísticas, permitiendo que el folclore se mantenga vigente dentro del panorama cultural contemporáneo.
Por su parte, la Secretaría de Cultura de Baja California destaca que el impulso a las expresiones regionales, como el calabaceado, forma parte de una estrategia para fortalecer la identidad y el sentido de pertenencia en la entidad, mediante apoyos, convocatorias y actividades abiertas al público.
Así, entre escenarios institucionales y espacios comunitarios, el folclore continúa latiendo. No como una reliquia del pasado, sino como una práctica viva que se reconstruye día a día. Porque en Baja California, las tradiciones no solo se heredan: se viven, se reinterpretan y se defienden, manteniendo firmes las raíces en medio del movimiento constante de la frontera.














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